viernes, 18 de enero de 2013






César no era César en el momento de la conspiración. Habitaciones, Bruto, Casio, el mármol  y los puñales.
El día en que Felipe IV observó con atención a una de las meninas, y luego se horrorizó ante  la mirada de su hija, que no era su hija sino un espejo/ a partir de ese momento, uno de los tantos espejos…
Habitaciones dentro de habitaciones/
La Cruz de Santiago, posteriormente agregada sobre el atuendo del pintor, es roja, ¡roja como la sangre, Macbeth!/
La habitación.
Las galerías.
Los jardines.
El universo.
La eternidad.

lunes, 6 de agosto de 2012










Vendrás vestida de negro amor

Como una novia eterna/

Ya te veo caminado

Por caminar, cansada,

Descalza…

Ves que puedo tenerte

Sin tenerte a mi lado:


jardines, crepúsculos,

El orbe entero.


Vendrás vestida de noche amor

Cuando caigan los espejos

Las puertas los papeles

Y los encantos de tu presente,

De tu habitación

Con ventana al mar.

jueves, 12 de julio de 2012

Tornasol









Todo ese amarillo en mí
Jirones de tu vestido
El oro de mi memoria
La luna por las noches
Las fotos viejas
Y los cajones

Todo ese amarillo en mí
Todo ese ayer
Estas ganas de besar
Tu frente y olvidar
Mi cicatriz

lunes, 18 de junio de 2012

Ajedrez










Porque te quiero libre mujer
Tuve que poner fin            
Al juego de reflejos
Que nos separaba/
Destruir con mis propias manos
Los abismos y los vientos
De las vocales que mal
Suenan dentro de  huecos
Caparazones/

Trocaré mi alma por la tuya
Con la ayuda de mis besos,
En el mezquino e infiel
Mercado de los signos/

Porque te quiero mujer amor
Ya no hay lugar donde
Esconderse/
Esta lluvia que desdibuja
La parra de tu jardin
No esxite, al igual
Que el olvido y la distancia/
Sólo somos tu y yo,
ya no hay lugar donde
esconderse.


miércoles, 30 de mayo de 2012

Fragmentos/2











Hábitos que se le presentan como algo natural en vano intentarán alejarlo de su búsqueda. Siempre lleva consigo unos versos de Machado en la voz de su padre, médico del pueblo que lo vió nacer, hombre versado en literatura que con los años fué perdiendo su fama de tipo serio, atento y sensato.
Hoy a sus treinta y dos años no es el mismo, quizá en otro momento de su vida la soledad y esa tímida esperanza, esa esperanza que nace de los miedos, lo hubiesen llevado a un callejón sin salida. Pudo evitar el callejón, pudo evitar los remordimientos, por lo tanto no tuvo la necesidad de arrancarse los ojos.
Entiende perfectamente que a los ojos de Milena no es más que un par de imágenes fugaces que se pierden en un juego de proyecciones con otras imágenes no tan fugaces, vericuetos de un mundo ilusorio. Un mundo compuesto por millones de pequeñas habitaciones creadas por dioses que no gozan de omnipresencia ni de omnipotencia, por eso en su desvelo insisten tercamente en deificar mortales. No se da por vencido. Describe los vericuetos, éstos ya no existen////

En otro lugar del mundo, dos hombres pelean por una mujer. Ella agita un abanico inexistente, el espectáculo le sirve como espejo. A un par de metros de la improvisada arena, un caballero ajeno a la contienda levanta la voz para romper el cristal: “¡lo único no es fruto de porfía alguna, amada mía, lo único se da sólo dentro de un lenguaje, lenguaje que carece de primera persona, el más puro de los lenguajes!”. La mujer no entiende que quiso decirle; el espejo, intacto///

lunes, 21 de mayo de 2012

Un riel (carpe diem)







Ella espera algo, un imposible,          
Trenes que lleguen a su pueblo
Donde no hay riel alguno.
Si una mirada lo dice todo:
¿Por qué abusar de las palabras,
Que a veces marchitan el instante,
Que a veces levantan un muro?

Su mano agita un abanico
Inexistente. Imagen
Que muere por ser carne,
Presa en castillos de arena.

Uno de los tantos amores
Que no se dieron/
Una de las tantas máscaras
Que no cedieron.  

martes, 15 de mayo de 2012

Los tiempos, el tiempo




“Corredores que no tienen fin porque los multiplicó con la imaginación alguien que jamás los recorrió. No supo ser feliz. Es el mismo que inventó el tiempo y el espacio, para luego llegar a la idea del yo” (Roberto)


Un hombre tararea un tango sentado con las piernas cruzadas, en un fondín de caras largas. Recuerda con una sonrisa las interminables noches, el billar y las llaves de aquel bulín que siempre llegaban a sus manos con una advertencia.  Nadie lo mira, todos están pendientes de la vorágine que lustra el empedrado de la avenida Brasil. Charlan poco, cada vez menos.
Pasa Milena por la vereda y las profecías, esos anhelos de ver sus pasos en calles que ya no son las mismas, se dejan a un lado. Llega el silencio, y el arrabal vuelve a ser la calma, el juego de miradas, la pasión envuelta en poesía y una terca pero necesaria esperanza de amor.
Roberto mira sus cartas, y con un gesto de disgusto levanta la vista. Sabe que todo volverá,  todo ese ayer en cuestión de segundos. Sabe que la risa dejará atrás el bandoneón que no pudo tener, el traje a medida, el sombrero y el beso de esa mujer que con paso firme iluminaba la barriada.
Nadie sospecha, ni siquiera el mismo Roberto, que el azar (que siempre implica otro azar) se mueve de manera torpe pero precisa, como el caballo de marfil.